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Censura literaria: la herida que nunca se cierra



La organización We Need Diverse Books (Necesitamos Libros Diversos) ha creado en Estados Unidos la Red de Libros sin Censura (Unbanned Book Network), un proyecto que devuelve a las escuelas y bibliotecas los libros que han sido retirados por tratar temas como la raza, la identidad sexual o la memoria histórica.

Muchos de esos títulos se habían apartado de las aulas por motivos políticos o ideológicos. Y es que en el fondo, lo que molestaba no eran las historias, sino las verdades que éstas contienen.


Porque cada vez que se intenta acallar un libro, lo que realmente se quiere evitar es que alguien piense diferente. Y esa es, precisamente, la fuerza de la literatura: que puede incomodar a muchos, pero también abrirles los ojos a lo que pasa en el mundo. Y de ahí, a pensar por uno mismo va un paso; uno que da miedo a quien nos gobierna porque puede significar romper con lo establecido.


¿Censura en España?


Este tipo de noticias podrían parecer algo lejano, propio de una sociedad más puritana o polarizada; pero sería ingenuo pensar que la censura no tiene eco en España.


Aunque aquí no se prohíben libros oficialmente, existen formas más sutiles de control: la autocensura editorial, la retirada de títulos en colegios por “sensibilidad del alumnado” o la cancelación de autores por motivos ideológicos.


Porque la censura en la sociedad actual ya no necesita de sellos oficiales para darle validez: basta con el miedo a ser malinterpretado, a no gustar en las redes o a decir algo que contradiga la sensibilidad del momento.

Pero yo me pregunto últimamente si el problema no está tanto en si censuramos o no, sino en cómo lo hacemos.


Porque… ¿hay alguna diferencia entre vetar un libro desde el poder o silenciarlo por presión social o mediática? Quizás no haya ninguna. En ambos casos, el resultado es el mismo: menos voces, menos matices y a la larga, menos libertad.


La literatura no está hecha para complacer, sino para provocar pensamiento, ideas y reflexiones. Y cuando empezamos a decidir qué historias “deben” ser contadas, y cuáles deberían quedarse en la trastienda, dejamos de leer para entender y empezamos a leer para confirmar lo que ya creemos. Y eso, a la larga, ya no puede llamarse libertad.


Déjame en los comentarios:


  • ¿Piensas que la censura en España está desaparecida o simplemente se ha disfrazado de corrección política?

  • ¿Crees que ahora son las redes las que censuran por la presión que ejercen en el escritor para gustar más, comentar más y compartir más?

  • ¿Has sufrido algún tipo de censura al mandar tu manuscrito a editoriales?

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