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Escribas: los influencers del Antiguo Egipto

Actualizado: 26 mar


En el Antiguo Egipto, la escritura era un privilegio reservado a una minoría. Apenas un 1% de la población sabía leer y escribir. Entre ellos, los escribas ocupaban un lugar de enorme prestigio: eran funcionarios, contables, cronistas y, en cierto modo, guardianes del tiempo.

Mientras los campesinos trabajaban la tierra y los artesanos levantaban templos, los escribas registraban todo lo que mantenía en pie al imperio: impuestos, censos, tratados, rituales religiosos y decretos reales.


La constancia como guía


Su trabajo no se improvisaba. Una persona no “nacía” escriba; tampoco eran elegidos de entre los ciudadanos que mejor supieran escribir.


Los escribas se formaban desde niños. Los aspirantes ingresaban en la “Casa de la Vida” con apenas 5 años. Esta era una institución anexa a los templos donde pasaban años —dependiendo de la habilidad del alumno, entre 10 y 12— aprendiendo a copiar jeroglíficos, dominar los idiomas sagrados y manejar el cálamo de caña con precisión quirúrgica.


Los textos de aprendizaje hallados en papiros como el de El papiro de Ani o el Papiro de Prisse muestran ejercicios repetidos una y otra vez por estos aspirantes, hasta alcanzar una caligrafía casi perfecta.


El poder concentrado en la escritura


La escritura era más que una herramienta administrativa: era una forma de poder. Los egipcios creían que las palabras podían “dar vida” a aquello que nombraban. Por eso, escribir era también un acto religioso. Además, los escribas tenían acceso a fórmulas sagradas, conjuros, himnos y oraciones que solo ellos sabían descifrar.


Gracias a su labor se han conservado algunos de los textos más antiguos del mundo: el Libro de los Muertos, los Textos de las Pirámides, Las enseñanzas de Ptahhotep, o relatos como el Cuento del náufrago, una de las primeras narraciones literarias de la humanidad.


Pero su poder no era solo espiritual. La egipcia era una sociedad donde el papel —el papiro— equivalía a la verdad, y donde los escribas decidían qué quedaba registrado y qué se perdía en el silencio. Eran los arquitectos de la memoria oficial, los que daban forma al relato del faraón y al orden del mundo.


Los influencers de la antigüedad


Si lo pensamos con los ojos de hoy, fueron los primeros influencers: moldeaban la percepción colectiva de los ciudadanos, definían las ideas dominantes que debían seguirse y elegían qué historias merecían permanecer y cuales ser relegadas al olvido.

Su trabajo era lento, meticuloso y anónimo, pero su huella ha sobrevivido más que cualquier fama digital.


Y, de algún modo, seguimos siendo sus herederos. En cada periodista, escritor o creador de contenido resuena esa misma pulsión por registrar, seleccionar y narrar. ¿Qué ha cambiado desde entonces? Tan solo el soporte: donde ellos usaban papiro, nosotros usamos pantallas…



¿Quiénes son los verdaderos escribas de nuestro tiempo?

¿Crees que hoy también escribimos para el poder, o contra él?

Si tus palabras pudieran perdurar miles de años, ¿qué querrías dejar por escrito?

¿A quién dejamos fuera del relato cada vez que decidimos qué contar?

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