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Algunos libros sencillos para empezar a leer literatura clásica

4 sept
7 min de lectura


Hay una frase que puede hacer que cualquiera se aleje de los clásicos antes incluso de abrir uno: «Tienes que leerlo.»


Y después aparece la lista: El Quijote. La Ilíada. Madame Bovary. Crimen y castigo. Anna Karénina. La montaña mágica…


De pronto, la literatura deja de parecer literatura y empieza a parecer una asignatura pendiente. Y quizá ese sea uno de los problemas que tenemos con los clásicos: muchas veces nos han enseñado a acercarnos a ellos desde la obligación.


Pero un clásico no debería ser un libro que leemos para poder decir que lo hemos leído. Es un libro que ha conseguido sobrevivir a su época y seguir diciéndonos algo muchos años después.


Eso sí:

No todos los clásicos son igual de fáciles para empezar.

Hay novelas maravillosas que requieren paciencia, cierta costumbre con el lenguaje, bastante tiempo o incluso algo de contexto histórico. Y hay otras que pueden funcionar como una primera puerta de entrada.


Si hace tiempo que quieres empezar a leer literatura clásica pero no sabes por dónde hacerlo, estas son algunas opciones que pueden ponértelo bastante fácil.


1. El viejo y el mar, de Ernest Hemingway


Si lo que te intimida de los clásicos son las novelas enormes, empieza por un libro pequeño.


El viejo y el mar cuenta la historia de Santiago, un pescador anciano que lleva mucho tiempo sin conseguir pescar nada. Hasta que se adentra en el mar y consigue enganchar un pez enorme.


La historia es sencilla y precisamente por eso funciona tan bien. Hemingway escribe con una prosa aparentemente simple, sin grandes artificios, pero debajo de esa sencillez hay una historia sobre la resistencia, la dignidad, la derrota y la relación entre el ser humano y aquello que intenta conseguir.


Es además una buena manera de descubrir algo importante:


Sencillo no significa superficial.

Un libro puede utilizar un lenguaje muy accesible y, aun así, dejarte pensando mucho después de haberlo terminado.


Es ideal si buscas: una lectura breve, limpia y emocional.


2. Rebelión en la granja, de George Orwell


Otra puerta de entrada estupenda es Rebelión en la granja.


La premisa es muy sencilla: los animales de una granja se rebelan contra los humanos y deciden crear una sociedad en la que todos sean iguales. Pero pronto descubrimos que las cosas no son tan sencillas.


Orwell utiliza una historia aparentemente simple para hablar del poder, la propaganda, la manipulación y de cómo los ideales pueden transformarse cuando quienes gobiernan empiezan a tener algo que perder.


Una de sus ventajas para un lector que comienza con los clásicos es que


la historia funciona incluso sin conocer el contexto histórico que hay detrás.

Puedes leerla como una fábula protagonizada por animales. Y después, si quieres, profundizar en todas las referencias y significados que contiene.


Ideal si buscas: una historia ágil, clara y con bastante que pensar.


3. El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, de Robert Louis Stevenson


Si te gustan los misterios, este puede ser uno de los clásicos más agradecidos para empezar. Un hombre respetable. Un personaje siniestro. Una serie de acontecimientos inexplicables. Y una pregunta que aparece cada vez con más fuerza: ¿qué relación existe entre ambos?


Stevenson construye una historia corta, entretenida y con bastante suspense alrededor de una idea que seguimos utilizando más de un siglo después: la existencia de una parte de nosotros mismos que preferimos mantener oculta.


Y tiene otra ventaja: no necesitas enfrentarte a cientos de páginas para descubrir qué puede ofrecerte un clásico. Eso sí, si no conoces la historia, intenta no buscar demasiada información antes de leerlo. Y es que, parte de su encanto está en descubrirlo.


Ideal si buscas: misterio, suspense y una lectura rápida.


4. Cuento de Navidad, de Charles Dickens


Probablemente ya conoces la historia… Scrooge. Los fantasmas. La Navidad. La transformación.


Pero quizá no hayas leído el texto de Dickens. Y hacerlo puede ser una estupenda forma de acercarse a un clásico porque estamos ante una historia que prácticamente forma parte de nuestro imaginario colectivo.


Además, es corta, tiene una trama muy clara y no exige demasiado esfuerzo para seguirla. Pero debajo de la historia fantástica hay bastante más: Dickens habla de la pobreza, la desigualdad, la avaricia, la soledad y la posibilidad de cambiar.


Y hay algo especialmente interesante en leer el original después de haber visto tantas adaptaciones:


Descubrir de dónde viene realmente una historia que creíamos conocer.

Ideal si buscas: una lectura corta, entretenida y reconfortante.


5. Orgullo y prejuicio, de Jane Austen


Aquí damos un pequeño salto. Orgullo y prejuicio es más larga que los anteriores, pero puede ser una magnífica introducción a la novela clásica porque Austen tiene algo que engancha con facilidad: los personajes.


Elizabeth Bennet es inteligente, irónica y bastante menos dócil de lo que se esperaba de una mujer de su época. Y luego está el señor Darcy.


Pero reducir la novela a una historia romántica sería quedarse en la superficie. Austen habla de matrimonio, dinero, posición social, apariencias, educación y expectativas familiares. Y lo hace con mucho humor, que es muy importante, ya que muchas personas se acercan a los clásicos esperando solemnidad… para descubrir que Austen puede ser tremendamente divertida.


Ideal si buscas: personajes memorables, romance, humor y mucho diálogo.


6. El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald


Si quieres probar con una novela que se sienta más cercana a la literatura moderna, El gran Gatsby puede ser una buena elección. Es relativamente corta y tiene una historia muy fácil de seguir: fiestas, dinero, secretos, amor, ambición y un personaje misterioso que parece tenerlo todo.


Pero detrás de ese escenario aparece una historia sobre las apariencias, el deseo, la riqueza y la imposibilidad de recuperar aquello que hemos idealizado. Además, Fitzgerald tiene una prosa muy bella sin que la novela resulte especialmente difícil de seguir.


Es uno de esos libros en los que puedes avanzar rápidamente por la historia y, al mismo tiempo, detenerte de vez en cuando porque una escena o una imagen te ha llamado la atención.


Ideal si buscas: una novela breve, elegante y con mucho ambiente.


7. Frankenstein, de Mary Shelley


Aquí hay una pequeña trampa: probablemente conozcas la historia. Pero quizá no conozcas la novela.


Y son dos cosas bastante diferentes.


Frankenstein no es simplemente la historia de un científico que crea un monstruo. Es una novela sobre la creación, la responsabilidad, la soledad, el rechazo y las consecuencias de aquello que hacemos sin pensar en lo que vendrá después.


Además, tiene algo que la hace especialmente interesante: fue escrita por Mary Shelley cuando todavía era muy joven.


La historia que ha terminado formando parte de nuestra cultura popular comenzó como una novela mucho más compleja de lo que suele sugerir la imagen del monstruo que todos tenemos en la cabeza.


Puede ser un buen paso intermedio para quien ya ha probado algún clásico corto y quiere atreverse con una novela algo más extensa.


Ideal si buscas: terror, misterio y una historia que probablemente ya conoces de otra manera.


8. El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde


Si quieres un clásico que resulte entretenido, prueba con Oscar Wilde.


Dorian Gray es joven, hermoso y desea conservar su juventud. Hasta aquí, todo parece bastante sencillo. El problema surge cuando un retrato comienza a reflejar los efectos de sus actos mientras él mantiene intacta su apariencia.


La novela tiene misterio, decadencia, humor y una buena dosis de provocación. Y Wilde consigue algo que siempre agradezco en un clásico:


que sus ideas aparezcan dentro de conversaciones que apetece leer.

No parece que estés leyendo una lección sobre la moral. Estás escuchando a personajes discutir sobre ella.


Ideal si buscas: misterio, ironía, belleza y personajes con opiniones bastante discutibles.


9. La muerte de Iván Ilich, de Lev Tolstói


Y aquí tenemos un ejemplo perfecto de que un libro puede ser muy sencillo de leer y, al mismo tiempo, bastante profundo.


Iván Ilich ha llevado una vida aparentemente correcta: trabajo, posición social, matrimonio y comodidades. Hasta que una enfermedad le obliga a enfrentarse a algo que había conseguido mantener lejos de sus pensamientos: su propia muerte.


Tolstói convierte esa situación en una reflexión sobre cómo vivimos y, sobre todo, sobre si estamos viviendo realmente la vida que queremos o simplemente la que se supone que debemos vivir.


Es breve, tiene una historia muy clara y no requiere enfrentarse a las cientos de páginas de otras novelas de Tolstói. Pero es de esos libros que pueden dejarte pensando bastante más de lo que esperabas.


Ideal si buscas: una lectura breve, profunda y reflexiva.


No hace falta empezar por El Quijote


Hay una idea que me gustaría reivindicar:


No tienes que empezar por el clásico más importante para adentrarte en la literatura más “clásica”.

Puedes empezar por el que te despierte curiosidad:

  • Si te gusta el misterio, Stevenson.

  • Si quieres una historia política sencilla, Orwell.

  • Si buscas romance y humor, Austen.

  • Si quieres terror, Mary Shelley.

  • Si te apetece una novela breve y elegante, Fitzgerald.

  • Si prefieres una historia muy corta pero profunda, Tolstói.


Y si descubres que te gusta alguno, sigue tirando del hilo.

  • Quizá después de El retrato de Dorian Gray quieras leer más a Wilde.

  • Quizá Frankenstein te lleve a otros autores góticos.

  • Quizá Orgullo y prejuicio te haga querer probar con las hermanas Brontë.

  • Quizá Orwell te despierte el interés por otras novelas distópicas.


No hay un orden correcto para entrar en la literatura.

Y tampoco existe una lista que tengas que completar. Los clásicos no son una colección de medallas que acumular. Son libros. Y como todos los libros, algunos nos encuentran y otros no.


Por eso, si llevas años pensando que deberías leer literatura clásica pero cada vez que ves una lista de cien títulos te entran ganas de hacer cualquier otra cosa, prueba algo mucho más sencillo: elige uno.


Uno que te llame, que puedas terminar, que te haga querer leer el siguiente…

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