¿Por qué tantas novelas parecen iguales?
- 15 jul
- 4 min de lectura

Hay una sensación que muchos lectores comparten, aunque no siempre sepan explicarla: empiezan una novela y, tras unas cuantas páginas, tienen la impresión de haber leído esa historia antes.
No es que los nombres sean los mismos. Tampoco que la trama sea idéntica. Sin embargo, algo resulta familiar. Los personajes reaccionan de manera parecida, los conflictos evolucionan siguiendo un camino previsible y el desenlace parece anunciarse mucho antes de llegar al final.
Entonces surge la pregunta inevitable:
¿se están escribiendo historias cada vez más parecidas?
La respuesta no es tan sencilla como un sí o un no…
No existen historias completamente originales
Antes de culpar al mercado editorial o a las modas, conviene recordar una realidad: prácticamente todas las historias parten de conflictos que llevan siglos acompañando a la humanidad.
El amor imposible, la búsqueda de identidad, la venganza, la ambición, el sacrificio, la lucha entre el bien y el mal o el miedo a perder aquello que se ama son temas universales. Ya aparecían en la mitología clásica, en Shakespeare o en las novelas del siglo XIX.
La originalidad rara vez consiste en inventar un conflicto completamente nuevo. Consiste en la forma de contarlo. Y es que, dos novelas pueden hablar exactamente del mismo tema y, aun así, ofrecer experiencias completamente distintas.
El éxito también crea tendencias
Cada cierto tiempo aparece un libro que vende millones de ejemplares. Poco después, comienzan a publicarse novelas que recuerdan sospechosamente a aquella. No siempre se trata de una copia consciente. A menudo ocurre porque autores, editoriales e incluso lectores empiezan a buscar aquello que ya saben que funciona.
Si una novela de fantasía romántica conquista el mercado, durante los meses siguientes aparecerán decenas de manuscritos con academias de magia, enemigos que terminan enamorándose, profecías antiguas o protagonistas con poderes ocultos.
Lo mismo ocurrió con la novela juvenil distópica, con el auge del thriller psicológico, con el fenómeno de la novela nórdica o con el boom de la romantasy. Las modas editoriales no nacen por casualidad. Son una respuesta al éxito comercial de determinadas historias.
Los lectores también buscan aquello que conocen
Existe una idea muy extendida de que los lectores quieren constantemente algo nuevo. En realidad, muchas veces ocurre justo lo contrario. Cuando alguien disfruta enormemente de una novela, suele querer repetir esa sensación.
Por eso busca libros que recuerden a aquel que tanto le gustó.
No quiere exactamente la misma historia, pero sí una experiencia parecida.
Es el mismo motivo por el que quienes disfrutan de una serie policiaca suelen empezar otra similar al terminarla, o quienes encuentran un autor favorito buscan inmediatamente obras con un estilo parecido. Porque la familiaridad también produce satisfacción.
Las estructuras narrativas se repiten
Muchas novelas parecen similares porque utilizan las mismas herramientas narrativas. Aunque esto no es necesariamente un problema.
El viaje del héroe, la estructura en tres actos, el crecimiento del protagonista o la clásica evolución del conflicto forman parte de la base sobre la que se construyen miles de historias.
Lo importante no es utilizar una estructura conocida, sino evitar que se convierta en una fórmula visible para el lector. Cuando cada giro parece llegar exactamente en el momento esperado, la historia pierde parte de su capacidad para sorprender.
Las redes sociales también influyen
Hoy en día muchas novelas llegan al público gracias a plataformas como BookTok, Bookstagram o BookTube. Esto ha cambiado la forma en que se promocionan los libros.
Con frecuencia se venden mediante listas de elementos reconocibles:
Enemies to lovers.
Solo hay una cama.
Academia mágica.
Romance lento.
Elegido por una profecía.
Villano carismático.
Grumpy x sunshine.
Estos recursos —conocidos como tropes— no son malos por sí mismos. De hecho, muchos lectores los buscan deliberadamente. El problema aparece cuando los tropos sustituyen a la historia.
Una novela deja de construirse alrededor de personajes complejos y conflictos sólidos para hacerlo alrededor de una lista de ingredientes que ya han demostrado funcionar. El resultado puede ser entretenido, pero también generar una sensación constante de déjà vu.
Escribir pensando únicamente en el mercado tiene un precio
Todos los escritores quieren lectores. Es lógico preguntarse qué géneros funcionan mejor o qué buscan actualmente las editoriales. Sin embargo, cuando una historia nace únicamente para encajar en una tendencia, suele perder parte de su personalidad.
Los personajes comienzan a parecer intercambiables.
Los diálogos adquieren el mismo tono.
Los conflictos avanzan por caminos demasiado previsibles.
Y, poco a poco, muchas novelas empiezan a sonar con la misma voz. Paradójicamente, intentar escribir como todos los demás suele hacer que un libro destaque menos.
La verdadera diferencia está en los personajes
Muchos argumentos pueden resumirse en una sola frase.
“Un detective investiga un asesinato.”
“Dos enemigos terminan enamorándose.”
“Un joven descubre que posee poderes extraordinarios.”
Sobre el papel parecen historias ya contadas miles de veces. Lo que las convierte en memorables no es la premisa, sino las personas que la habitan.
Un personaje con contradicciones reales, con una voz propia y una evolución creíble puede transformar un argumento aparentemente convencional en una novela imposible de olvidar.
Porque al final, los lectores no recuerdan únicamente lo que ocurrió: recuerdan a quién le ocurrió.
La voz del autor sigue siendo insustituible
Hay algo que ninguna tendencia puede copiar por completo: la manera particular que tiene cada escritor de mirar el mundo.
Dos autores pueden partir exactamente de la misma idea y terminar escribiendo novelas completamente distintas.
La elección de las palabras.
El ritmo de las escenas.
El humor.
La sensibilidad.
La forma de describir una ciudad, una conversación o un silencio.
Todo eso constituye una voz narrativa. Y esa voz es mucho más difícil de imitar que cualquier argumento.
Entonces… ¿de verdad todas las novelas se parecen?
No.
Lo que ocurre es que compartimos referencias culturales, estructuras narrativas y conflictos humanos que llevan siglos acompañándonos.
Además, las modas editoriales y las tendencias de lectura hacen que determinados tipos de historias se concentren durante una misma época, generando la impresión de que todo sigue el mismo patrón.
Sin embargo, las novelas que permanecen en la memoria rara vez lo hacen porque inventaron una idea completamente nueva. Permanecen porque supieron contar una historia conocida desde una perspectiva única.
La originalidad absoluta probablemente no exista. Lo que sí existe es una forma irrepetible de escribir, de observar a los personajes y de emocionar al lector. Y quizá ahí resida el verdadero reto de cualquier escritor: no obsesionarse con inventar algo que nadie haya contado nunca, sino contar una historia de una manera que solo él podría haber escrito.




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