Noe Mata, autor de "La novia sin rostro"
- Scarlett Pastor

- 22 abr
- 6 Min. de lectura

Noe Mata tiene cincuenta años y lleva escribiendo desde los diez. Entre los treinta y los treinta y siete se formó en una academia de escritura, un proceso que consolidó una vocación que ya venía de lejos. Ha escrito cinco novelas, aunque La novia sin rostro es la primera que ha decidido publicar. Nacido en Sabadell y actualmente afincado en Sant Feliu de Codines, en el Vallès Oriental, su trayectoria combina formación, paciencia y una mirada muy trabajada sobre la narrativa.
La novia sin rostro se sitúa en la Barcelona de 1977, en una historia donde el engaño, el espiritismo y los secretos familiares se entrelazan en un contexto social y político aún marcado por las sombras del pasado. Dos amigos de la infancia —una psicóloga desencantada y un estafador sin suerte— comienzan fingiendo ser médiums, pero el juego se convierte pronto en algo mucho más peligroso.
Una novela de misterio que transita entre lo sobrenatural, la memoria y los fantasmas personales, donde nada es exactamente lo que parece y todo tiene un precio. Hablamos con él sobre esta novela, su trayectoria como escritor y los límites entre la ficción, la creencia y la manipulación.
Empezaste a escribir muy joven y llevas décadas vinculado a la escritura. ¿Qué ha cambiado más en tu forma de escribir desde entonces?
Lo que más ha cambiado en mi forma de escribir es la profundidad que le otorgo a los personajes. Cuando empecé a escribir, estos eran más superfluos, un acompañamiento de la historia. Ahora es la historia un acompañamiento, un escenario para estos personajes; más redondos, más maduros, más complejos y más auténticos.
Has escrito cinco novelas antes de publicar esta. ¿Qué tiene La novia sin rostro que te hizo dar el paso ahora?
La Novia sin Rostro es, quizás, la más comercial, o dicho de otra forma, es la que puede llegar a más público de las cinco. Es la única que es novela negra; las demás son de corte más bien intimista. Es por ese motivo por lo que me decidí por esta y no por otras.
La historia se sitúa en Barcelona en 1977. ¿Por qué elegiste ese momento histórico tan concreto?
Porque es un momento de muchos cambios en España. Es el paso de la dictadura de Franco a una supuesta democracia. Es la apertura de la sociedad; un momento en el que aún convergen los dos mundos, el del Régimen y el de la Democracia. También me interesaba este marco para poder presentar a Esteban, el policía de la BPS (Brigada Político Social), la Gestapo de Franco. Es un hombre que no acepta los nuevos aires y se agarra aún a los rescoldos de la dictadura como su hábitat natural. Natalia y Tomeu representan todo lo contrario.
¿Qué te interesaba más de ese contexto: la transición política o la atmósfera social de la época?
Me interesaba más la atmósfera que la política. Qué respiraba la sociedad del momento y cómo lo vivían.
Natalia y Tomeu se dedican a hacerse pasar por médiums. ¿De dónde nace esa idea inicial del engaño como punto de partida?
De Tomeu. Estafador de profesión. Él tiene las ideas y Natalia las lleva al concreto. Uno lo hace por supervivencia y el otro por aburrimiento.
En la novela, lo que empieza como fraude acaba volviéndose algo mucho más oscuro. ¿Cómo trabajas esa transición de lo “ligero” a lo inquietante?
Primero con dosis de humor que luego van diluyéndose hasta casi desaparecer. Trabaja la transición desde una atmósfera anímica que el lector podrá detectar en los mismos personajes.
¿Cómo construyes el equilibrio entre lo sobrenatural y lo racional en la historia?
Ese es un equilibrio sutil que se mantiene durante toda la novela, haciendo que el lector primero vea que todo es un montaje para luego hacerlo dudar. Se consigue introduciendo personajes como Lola, que marcan la frontera de lo tangible a lo espiritual.

La aparición de la hija fallecida es un punto clave. ¿Querías que el lector dudara constantemente de si es real o no?
Exacto. Es un giro, es un juego con el lector. No una tomadura de pelo como hacen otras novelas. Aquí no hay nada forzado y todos los giros aparecen de forma natural, sin tener que meterlos con calzador.
La novela mezcla misterio con elementos históricos muy concretos. ¿Cómo trabajas la documentación en este tipo de relatos?
Se consultan archivos históricos, fotografías, personas que lo han vivido y sentido desde lo más hondo. Es esta última la mejor de las documentaciones para mí. Si alguien te lo cuenta desde la experiencia, es más vivido y más real.
Uno de los personajes es un exagente de la Brigada Político-Social franquista. ¿Qué representa para ti dentro de la historia?
Esteban es el malo, por decir algo, porque en esta novela no hay buenos ni malos, hay personas que muestran ambigüedades. Todos tenemos luces y sombras. Esteban no es malo porque sí, porque me interese para la novela. Él, igual que los demás, tiene una razón de ser que se entiende por jodida que sea su conducta. Como ya he comentado antes, Esteban representa una España oscura, llena de injusticias, donde la ley del más fuerte marca la diferencia.
Natalia y Tomeu tienen ambos heridas familiares profundas. ¿Hasta qué punto sus traumas impulsan la trama?
Sus traumas son el motor de la historia. Es lo que hace que se ponga en marcha. El sustrato que muestra la novela, porque toda novela tiene que tener un mensaje, es que las palabras y los hechos de los padres tienen consecuencias en los niños cuando estos se convierten en adultos.
El caso del padre de Tomeu, con la mujer de bandera, la fama y el éxito, moldea la forma de ser y de hacer de Tomeu en su adultez; al igual que el hecho de que el padre de Natalia la abandonara de pequeña también marca su vida y relaciones amorosas de mayor. También Esteban y la educación recibida por parte de un padre autoritario conforman su carácter y forma de proceder en el momento de la novela.
¿Qué te interesa más explorar: el misterio externo o los conflictos internos de los personajes?
Los conflictos internos de los personajes. El misterio externo es solo una excusa para poder entrar de lleno en lo otro. Todos tenemos conflictos internos y todos podemos sentirnos identificados con ellos. El misterio es el envoltorio.
La Barcelona que retratas tiene una fuerte dualidad entre élite y bajos fondos. ¿Cómo trabajaste esa tensión social?
No he tenido que remontarme a los años 70. Es algo que persiste hoy en día y que parece que, con el sistema que tenemos montado, seguirá estando cada vez más polarizado. La burguesía catalana medró mucho durante el régimen y muchos de los apellidos que entonces ostentaban el poder, lo siguen haciendo hoy en día. Quería marcar los problemas que otorga la clase alta y que el dinero no hace la felicidad. Los Ballester lo tienen, pero no son felices; Tomeu lo busca siéndolo.
En la novela aparecen referencias a la Guerra de Cuba y a Gaudí. ¿Qué papel juegan estos elementos históricos en la historia?
Sirven para explicar de dónde viene la fortuna de los Ballester en cuanto a la Guerra de Cuba, y Gaudí para recalcar la riqueza arquitectónica que posee Barcelona. Es una simple bastida para presentar ciertos puntos de la historia que la enriquecen, dándole algo más de profundidad.
¿Cómo evitas que el espiritismo sea solo un recurso de ambientación y lo conviertes en motor narrativo?
Porque lo convierto en la forma de subsistir de los protagonistas, tanto a nivel económico como emocional. Es la forma que tienen ellos de entrar en el conflicto de la novela.
¿Te has basado en alguna investigación real sobre médiums o espiritismo en España?
Lo cierto es que no. En este caso he tirado de imaginación.
¿Qué te resulta más difícil escribir: la intriga del misterio o la evolución psicológica de los personajes?
La evolución psicológica de los personajes es mucho más complicada porque tienes que crecer con ellos. Para que una novela sea redonda, tiene que haber una evolución creíble en los personajes; tiene que crecer junto a la historia. Esto es para mí lo más complicado de conseguir y lo más mágico cuando se produce.
¿Cómo trabajas los giros argumentales para que sorprendan sin romper la coherencia de la historia?
Tiene que ser algo coherente, como he dicho antes, natural; que no esté la historia subordinada al giro, sino que este venga a ser una parte lógica de ella. Esto se puede trabajar, en mi caso surge de entender mucho a los personajes, hasta el punto de que son ellos los que producen estos giros sin que el autor los hubiera planteado antes.
¿Qué quieres que se lleve el lector al terminar La novia sin rostro: una sensación, una duda o una respuesta?
Quiero que se lleve una reflexión. Quiero que se lleve la importancia y la responsabilidad que tenemos como padres al educar a nuestros hijos. Quiero que piensen en cómo personajes como Esteban pueden medrar en nuestra sociedad hoy en día. La novela negra no es un género destinado a resolver un crimen; es una herramienta que se utiliza para entender el porqué se produce, qué hay de malo en la sociedad para permitir que hechos espeluznantes tengan lugar.
Si tuvieras que resumir la novela en una sola frase más allá de la sinopsis, ¿cuál sería?
Cuida tus palabras; a veces tienen más poder que un arma.



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