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Rosana Lenn: 5 novelas en 5 años


Rosana Lenn escribe como quien no ha dejado de ser aquella niña que imaginaba historias a solas, con libros alrededor y el tiempo suspendido. En su caso, el sueño no se quedó en promesa: se convirtió en rutina, en disciplina y en una forma de estar en el mundo. Sus historias laten entre la emoción intensa, los personajes heridos y las decisiones que lo cambian todo.


En sus páginas hay amor, pero también ambición, culpa, deseo de escapar y la necesidad de encontrarse. Sus protagonistas no viven a medias: tropiezan, se rompen y vuelven a intentarlo. Y quizá ahí está la clave de su escritura: en esa mezcla de impulso y verdad que hace que sus historias no se lean, se sientan.


Hoy hablamos con ella sobre el camino, la escritura y todo lo que hay detrás de cada historia que decide contar.


Dices que eras “la niña de azul” que escribía cuentos. ¿Qué queda de esa niña en la escritora que eres hoy?


Yo diría que queda lo más importante, lo que nunca deberíamos perder: una ilusión infinita. Por supuesto, no todo es de color de rosa y, a veces, la realidad o el pesimismo se imponen. Pero la ilusión siempre gana la batalla y es el motor que me impulsa para escribir.


Publicaste tu primera novela en 2021. ¿Qué cambió realmente a partir de ese momento?


Podría parecer que no cambió gran cosa, puesto que yo sigo con mi trabajo de siempre y mi vida no ha sufrido una gran transformación. Sin embargo, a nivel emocional el salto ha sido brutal. Verme capaz de escribir una novela entera y terminarla supuso que aprendiera a creer un poco más en mí.



¿En qué momento dejaste de “querer escribir” para empezar a tomártelo en serio como forma de vida?


Cuando comencé a escribir mi segunda novela, yo ya sentía que no se trataba de un simple hobby. La primera novela fue más bien una prueba, una especie de juego, pero escribir una segunda significaba que esto iba en serio y que era imparable.


Escribes incluso en tus días libres. ¿Qué tiene la escritura para generar ese nivel de compromiso?


Sinceramente, para mí es adictiva y la satisfacción personal que se siente cuando ves tu obra terminada es difícil de describir.


Escribir todos los días se ha convertido en un hábito, incluso me atrevería a decir que en una forma de vida. Ahora mismo, no concibo mi día a día sin mis ratitos de escritura.


Tus historias suelen tener una carga emocional muy intensa. ¿Te sale de forma natural o la trabajas conscientemente?


Me sale de forma natural porque es mi forma de sentir y de enfrentarme a la vida, con intensidad, con todo lo que ello conlleva. Ser una persona muy sensible te hace más vulnerable, pero a la hora de escribir supone una ventaja.


En Nadie más que tú, el boxeo es más que un deporte. ¿Qué te interesaba explorar realmente a través de ese mundo?


El mundo del boxeo se presenta en la novela como un escenario. El realidad, mi intención era profundizar en valores como la superación y la resiliencia y este deporte me pareció el marco perfecto para profundizar en ello.


Los personajes de Yera y Eidan viven entre la ambición y la necesidad de afecto. ¿Te atraen especialmente los personajes en conflicto?


Sí, en mis personajes siempre existen ese tipo de dualidades. Precisamente, esos conflictos internos son el motor de mis historias. Me apasiona la creación de personajes, meterme en su piel y ser fiel a lo que sentiría si estuviese en su lugar.


Si la luna brilla plantea una relación que roza lo prohibido. ¿Te interesa incomodar al lector o simplemente contar historias sin filtros?


Más bien diría que lo segundo. Los amores prohibidos existen, están ahí. Me pareció que hablar de ello sin adornos ni filtros, le daría a la historia realismo.



La idea de “amor imposible” aparece en varias de tus tramas. ¿Qué te atrae de ese tipo de relaciones?


Si se tratara de un amor perfecto, no habría libro. En una novela romántica debe existir un conflicto que obstaculice la relación y, sin duda, un amor imposible (sea por la causa que sea) es un argumento ideal para escribir este tipo de historias.


En La estela que dejas, el peso de la culpa es central. ¿Cómo se construye un personaje que carga con algo así sin caer en clichés?


Es muy difícil. Pienso que la clave está en sentirte en la piel del personaje y llevar ese sentimiento de culpa al plano real, sin dejarte llevar por los prejuicios o lo que se espera que cuentes.


¿Qué papel juegan los escenarios (como el pueblo costero o el centro hípico) en el desarrollo emocional de tus personajes?


En La estela que dejas el escenario es un personaje más. Quizás sea la novela en la que más importancia tiene. Esos paisajes bucólicos fueron mi fuente de inspiración porque escribí gran parte de la novela mientras me encontraba allí veraneando. A día de hoy, me parecen tan reales los personajes que cuando paseo por allí no dejo de imaginarme qué estarían haciendo.


El dibujo de las nubes gira en torno a los sueños y las segundas

oportunidades. ¿Crees que escribir también es una forma de

concedértelas?


Sin ninguna duda. En lo personal, escribir para mí ha sido un asegunda oportunidad, ya que lo intenté cuando era niña y en mi adolescencia y lo abandoné por falta de constancia y por no creerme capaz.


¿Cómo equilibras razón y emoción a la hora de construir una historia, como le ocurre a Laia?


Si te soy sincera, creo que la balanza siempre se inclina hacia la emoción. Es una lucha constante, pero al final, en mis historias, siempre ganan los sentimientos.


En Volar por los aires, el miedo a empezar de nuevo es clave. ¿Es un tema que te interesa especialmente explorar?


Esa historia fue muy especial para mí. Sonia es uno de mis mejores personajes. Después de su separación tuvo que encontrarse a sí misma y empezar de cero. En esa novela exploro mucho el crecimiento personal y la autoestima, no solo el amor de pareja.


Muchas de tus historias hablan de romper barreras internas. ¿Es algo que trabajas también a nivel personal a través de la escritura?


Cada día que me siento frente al ordenador es una batalla ganada. Este mundillo es duro y, a menudo, frustrante y muchas veces te entran ganas de dejarlo. Sin embargo, me obligo a seguir e intento no dejarme llevar por el desánimo en los días flojos.


Tus personajes parecen muy reales. ¿De dónde nacen: observación,

experiencia, intuición…?


Yo creo que de todo un poco. Siempre he sido una persona extremadamente curiosa y eso te ayuda mucho a la hora de explorar personalidades, lugares, etc.


También soy muy intuitiva y a la hora de escribir me dejo guiar por esa intuición. En cuanto a la observación, te diría que también ayuda mucho. Ser introvertida te hace ver el mundo de manera diferente, observar y empaparte como una esponja de lo que sucede fuera de tu burbuja.



¿Eres más de planificar tus novelas o de dejar que la historia te

sorprenda mientras escribes?


Soy escritora brújula. No me siento cómoda planificando una historia paso a paso. Lo he hecho alguna vez y después, al ponerme a escribir, me aburría profundamente. Prefiero dejarme llevar e ir escribiendo. Después de terminar ese primer borrador, viene la parte de estructurar y darle forma. Es mi método. No quiere decir que sea el mejor, seguro que no lo es, pero a mí me funciona.


¿Qué parte del proceso disfrutas más: crear la idea, escribir o corregir?


Escribir porque, como he dicho antes, la idea la voy creando según escribo. También me divierte mucho la parte de la documentación. Me encanta buscar información de lugares, de otras épocas, etc.


Después de varias novelas, ¿sientes que has cambiado como escritora? ¿En qué lo notas más?


Pienso que he evolucionado, pero la esencia sigue siendo la misma. Pienso mucho más en los tiempos de la trama. Intento desgranarla poco a poco, sin precipitar los acontecimientos. Escribo de manera más consciente y juego con las emociones del lector, dosificando la información de manera que se mantenga enganchado en cada capítulo.


Si tuvieras que definir qué busca el lector cuando abre un libro de Rosana Lenn, ¿qué dirías?


Las historias que escribo son intensas y con personajes potentes. Algunas tiren más acción y otras menos, pero todas poseen una carga emocional muy elevada.


No escribo historias de amor bonitas y artificiales, sino historias de personas de carne y hueso en el mundo real.

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