Raquel Alventosa: entre concursos, editoriales y podcasts
- Scarlett Pastor

- 20 abr
- 9 Min. de lectura

No todos los caminos en la escritura se eligen desde el mismo lugar.
Hay manuscritos que se guardan, otros que se lanzan al mundo… y algunos que encuentran su sitio en decisiones más silenciosas, más pensadas. Elegir cómo y dónde mostrar un texto también forma parte del proceso creativo.
Hoy hablamos con una autora que ha tomado dos direcciones distintas con sus obras: mientras uno de sus manuscritos inicia su recorrido hacia editorial, otro ha sido enviado a concurso. Dos formas de exposición, dos tiempos, dos maneras de sostener la escritura.
Además, comparte ese “mientras tanto” en su podcast, Entre borradores, un espacio donde el foco no está solo en el resultado, sino en todo lo que ocurre antes: las dudas, las decisiones y ese vínculo con la escritura que se construye —y se cuestiona— cada día.
Porque a veces no se trata de elegir un único camino, sino de aprender a habitar varios a la vez.
¿Cuándo sentiste que ya no estabas “probando”, sino construyendo algo a largo plazo con tu escritura?
Cuando dejé de verme a mi misma como un “prototipo de escritora”.
Antes, cuando hablaba de ser escritora lo enfocaba desde el “quiero ser escritora”. Sin embargo, aunque ya estaba escribiendo, el hecho de no ver un libro publicado me hacía sentirme menos real.
Cuando cambié el chip y asumí que soy escritora, pequeños hábitos en mi vida cambiaron, como dejar de buscar huecos libres para escribir y pasar a crearlos. Empecé a priorizar la escritura en mi día a día por encima de otras cosas.
¿En qué momento aparecen estos dos manuscritos y qué los diferencia entre sí?
El primero de ellos es esa idea que llevaba años rondándome la cabeza. Ha dado muchas vueltas y se ha iniciado y abandonado varias veces. Estuve muy bloqueada, se me hizo muy grande al principio y no sabía cómo ni cuando acabarlo.
El primer manuscrito es una novela distópica sci-fy con mucho desarrollo de personajes, político y worldbuilding. En el momento en el que llegó no tenía la capacidad que tengo ahora para desarrollarla.
El segundo aparece cuando hacemos una entrevista en Entre Borradores a Celia Corral Vázquez y nos explica lo bien que le fue a ella participar en concursos. No tanto por ganarlos, sino por ponerse metas alcanzables bajo unas reglas. Me puse las pilas y cuando quise darme cuenta, tenía una novelette de veinte mil palabras escrita.
¿Qué te ha enseñado cada uno sobre tu forma de escribir?
La novelette de concurso me enseñó que podía acabar un manuscrito. Cuando conseguí tener el primer borrador me reforcé a mi misma que lo estaba consiguiendo y desde entonces he seguido escribiendo. Además de enfrentarme al género de la fanta-ciencia que, aunque ame los dos géneros, no me había encontrado en situación. Ahí descubrí que es un género con el que me siento a gusto y en el que creo que puedo tener cabida en el mundo editorial.
La novela me ha enseñado, sobretodo, a ser paciente. A entender que hay ideas para las que no siempre estás preparada. Y no es tanto el hacer, hacer, hacer... sino el darte tiempo a ti misma como autora para madurar y enfrentarte a ello cuando sea lo correcto. Eso y muchas clases de cardiología, dado que toda la sociedad gira en torno a los latidos del corazón.
¿Sientes que escribes distinto según el destino que imaginas para el texto?
Cuando empecé escribiendo la novelette sí, pensaba en “qué le podría gustar al jurado”. ¿Cuál es la mejor construcción? ¿Enfoco más el worldbuilding, la ambientación o el mundo? Pero cuando llevaba tres de los ocho capítulos escritos me di cuenta que el jurado no dejaba de ser lector. Cambié la perspectiva –y en consecuencia el manuscrito– focalizándome en la persona que estará detrás de mi historia leyéndola con atención.
Entonces las preguntas ya cambiaron, ¿qué sentirá aquí? ¿Le emocionará esta parte? ¿Cómo verá el crecimiento del personaje? Así que a tu pregunta, por el momento siento que sigo el mismo proceso aunque tengan destinos diferentes.
¿Qué parte del proceso te resulta más difícil sostener en el tiempo?
Las esperas, sobretodo y que las llevo mejor. Al final, escribir acaba resultando lo más “sencillo” del proceso. Luego hay que preparar informes para tus lectores beta y dejarles tiempo para que se lo lean con calma. Durante ese tiempo, intentar desconectar de la historia.
A mi me cuesta, porque suelo soñar con aquello con lo que me paso mucho rato o me engancha mucho. Luego vuelves y analizas con emoción lo que te han escrito, detectas donde hay que mejorar y te pones a corregir. Y una vez estás ahí la otra parte que me resulta compleja es saber cuándo parar.
Podría pasarme toda la vida tocando el mismo manuscrito y no llegar a terminarlo nunca.
¿Cómo convives con la duda cuando trabajas en más de una historia a la vez?
En mi caso he de decir que no tengo muchas dudas por trabajar con más de una historia. En drive tengo carpetas –sus pequeños mundos– y ahí organizo lo que voy a escribir. Cada una de ellas tienen un excel con la hoja de ruta de los capítulos.
También antes de arrancar una idea suelo buscar referencias visuales y crear una presentación con ellas. Luego entro a Spotify y también me hago una playlist según lo que vaya a escribir. Me ayuda a cambiar de estado de ánimo entre historias. Por otro lado, suelo escribirlas en días diferentes. Intento escribir todas las mañanas y las divido entre unas historias y otras.
¿Por qué decidiste enviar uno de tus manuscritos a concurso y el otro a editorial?
Desde el principio tenía claro que quería enviar a editorial y, a futuro, autopublicar. La editorial tiene ciertos beneficios, tanto a nivel de visibilidad como a nivel de brindar oportunidades para conocer a tus lectores. Me encantaría poder tener un contacto cercano con las personas a las que les gusten mis historias.
Sin embargo, cuando me comentaron lo de los concursos (a los que tenía pánico, porque vengo del mundo del diseño y ahí es completamente diferente) quise animarme a participar con mis amigas. Necesitaba algo que me diera gas todos los días y no hay nada mejor para mi persona que una fecha límite. Además, es algo que he hecho con otras amigas escritoras y el comentar entre nosotras o hacer lluvia de ideas también me ha motivado mucho.
¿Qué te hizo sentir que cada historia pedía un camino diferente?
Va a sonar un poco genérico, pero básicamente la intuición. Al final, cada historia tiene sus personajes y sus mundos propios. Acaban pidiéndote diferentes cosas. En general soy muy mapa, pero es cierto que una vez tengo la estructura al escribir me permito ser brújula. Los finales suelen estar pensados a alto nivel porque siempre vienen los personajes y acaban haciendo lo que quieren.
¿Vives estos dos procesos desde lugares emocionales distintos?
Completamente. Ambas novelas tienen una gran crítica social. Sin embargo, la novelette la trabajé desde un estado emocional más analítico y lejano, mientras que la novela es algo puramente visceral. Parte del core de la novela sobre los latidos es que la humanidad está muy limitada. El corazón tiene una capacidad máxima para latir y si sientes emociones fuertes acabas consumiendo latidos demasiado deprisa. Toda su sociedad se rige bajo unas normas estrictas de no sentir emociones fuertes.
Quería explicar lo que se siente cuando apagas tus emociones por causa de agentes externos. Cómo se vive desde la apatía. Y, sobretodo, cómo se experimenta volver a sentir. Porque lejos de creer que puede ser algo maravilloso, tu cuerpo tiende a desregular por completo tus emociones.
En uno he añadido mi parte más racional y en el otro, la irracional.
¿Qué cambia en ti cuando “sueltas” un manuscrito a un concurso frente a cuando lo envías a una editorial?
En ambos está esa sensación de “ojalá”, pero es cierto que con los concursos tienes mayor visibilidad. Al final uno de ellos tiene una fecha de fallo clara mientras que el otro el tiempo dirá. Una vez más, ambos requieren de paciencia.
¿Sientes que uno de los caminos implica más exposición que el otro?
Son caminos muy diferentes. Cuando envías a concurso nadie sabe quién eres. Tu texto va completamente anónimo –incluso el mail desde el que lo envías– así que es una experiencia muy pura. Si tu obra funciona no será por quién eres, será porque ha conseguido gustar al jurado.
En editorial es todo lo contrario. No es solo enviar tu manuscrito, es conseguir vender tu historia y venderte a ti como escritora. Tanto la exposición de quién eres como todas las tripas de tu novela van sobre la mesa junto a una propuesta editorial, así que es claramente diferente.
¿Cómo gestionas la espera en ambos casos?
Me pongo a escribir próximos proyectos. Al final lo que soy es escritora, así que escribo. Vivo la idea de publicar con editorial o ganar concursos desde el aprendizaje. Mientras tanto, me dedico a escribir; es la única manera de volverse mejor y hacer mejores libros. Estoy apuntándome también a cursos de escritura, para llenar la parte técnica que me falta.
¿Cómo nace Entre Borradores y qué espacio querías crear con él?
Entre Borradores nace de querer romper barreras a la hora de ponerse a escribir. Cuando quise arrancar con esto miré varios podcast y certámenes. Todos eran muy interesantes y aprendí mucho desde la experiencia de los demás, pero me resultaban abrumadores e inalcanzables.
Quería un podcast donde no se hablase de lo aprendido sino de lo que se estaba aprendiendo. Donde se vieran evoluciones a lo largo del tiempo de dos personas que escriben desde las ganas y la investigación propia.
¿Qué tipo de conversaciones buscas generar alrededor de la escritura?
Busco retirar el velo elitista que a veces he encontrado en este mundo. Escribir es un arte maravilloso que recomiendo a cualquiera, independientemente de si está pensando en publicar o no. Nosotras mismas somos lectoras, podemos disfrutar de nuestras propias historias.
Espero que con el podcast y el tipo de idiosincrasia que predico, la imagen entre la escritora y el lector sea más amable. Que sientan que hay accesibilidad por mi parte para que me escriban y hablemos de las historias, que sin ellos tampoco existirían.
¿Qué has descubierto al escuchar a otros autores hablar de sus procesos?
Que dentro de que cada persona hay un mundo. Hay muchas cosas que ya están estudiadas y funcionan. Ejercicios para desbloquearse, estructuras para construir mundos… La mayoría de ellos repetían dos cosas:
1. Más que volverse locos con la originalidad es mejor volverse locos con la coherencia.
2. Escribe, lo más importante es seguir escribiendo.
También descubrí que el mundo es muy opaco y que hay mucho mito. Entre los propios autores y autoras que entrevistamos en Entre Borradores veíamos diferencias en las experiencias con las editoriales, por ejemplo. Es muy interesante, te abre muchas perspectivas.
¿Hay algo que repitas en el podcast que luego te cueste aplicar en tu propia escritura?
Uf, pregunta difícil. En realidad varias cosas: diría que la que más es el ser amable con una misma. A veces la vida atropella, por muy bien gestionado que tengas tu tiempo o lo organizada que seas. Cuando no puedo escribir durante varios días tiendo a machacarme a mi misma. Me va bien entrar en el podcast y escucharnos hablar del tema, bajar el cortisol con el mantra de que es normal que no siempre fluya y que eso no me hace peor profesional.
¡No siempre estamos al 100% en el trabajo!
¿Qué lugar ocupan la duda y la incertidumbre dentro de Entre Borradores?
Todos los lugares, en realidad. Es un podcast que nace desde la duda de si esto tendrá sentido para alguien y la incertidumbre de si lo estamos haciendo bien. Contar nuestro proceso, aportar valor a los que nos escuchan (por cierto, muchísimas gracias a nuestras y nuestros oyentes) y añadir ese toque experiencial de cómo lo estás viviendo.
Siempre comentamos Rosa –co-directora del podcast– y yo que se nos ve muy seguras hablando de los temas pero detrás de cámaras hay dos personas investigando a fondo qué explicar y por qué.
¿Cómo sostienes la escritura cuando tienes varios frentes abiertos?
Priorizándola. Suelo escribir antes de ponerme a trabajar (trabajo de 9:00 a 18:00). Me despierto alrededor de las 7:00 de la mañana; antes desayunaba, leía, limpiaba un poco, sacaba a los perros y me ponía a trabajar. Pensaba que podría escribir por la tarde. La realidad es, que no me quedan neuronas pasadas las 18:00. Así que cambié mi rutina. Ahora leo mientras desayuno, escribo y luego saco a los perros.
La limpieza la he pasado a la tarde y –aunque esté k.o por esas horas– es la rutina que mejor me funciona. Si un día me llaman antes del trabajo por cualquier motivo, pues ese día no escribo. Diría que lo único que no puedo mover ahora mismo es cuándo, cómo y cuándo trabajo. En lo demás, intento organizarme para que la escritura sea un "no negociable" en mi día a día.
¿Qué haces en los días en los que escribir no fluye en ninguno de ellos?
Escribir igual. Si veo que no va a fluir ninguna de mis historias me pongo a hacer algún ejercicio de escritura. O a contar mi día a día en un papel. Al final escribir no es un arte donde las musas bajan y te susurran al oído. Es una profesión que puedes entrenar. Vengo del diseño y no siempre una está inspirada para sacar su mejor trabajo, pero igualmente tienes que ir perfeccionando. Haces un diseño que no vale, aprendes de eso y sigues. Me aplico lo mismo en la escritura.
Si tuvieras que definir en qué punto estás ahora como autora, ¿cómo lo harías?
Autora con ganas. Diría que es el punto que mejor me representa. Podría pensar que estoy en “pausa” por esperar respuestas; la realidad es que sigo haciendo y ya estoy pensando en próximos proyectos.
¡Así que espero que cuando salgan a la luz los disfrutéis mucho!



Muy interesante. Creo que presentaré mi libro a concurso ☺️☺️