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Entrevista con Pablo Poveda, finalista del Premio Literario Amazon en 2018 y 2020

  • 14 jun
  • 7 min de lectura


Cuando ser autopublicado te permite vivir de la escritura


En un ecosistema literario donde muchos aún persiguen el respaldo de una editorial, Pablo Poveda decidió construir su propio camino. Con una producción constante y una mentalidad que combina escritura y estrategia, se ha convertido en uno de los nombres más reconocibles dentro de la autopublicación en España.


Finalista del Premio Literario Amazon en 2018 y 2020, esta plataforma lo destacó como autor en 2022. Hoy hablamos con él sobre lo que significa ser un autor comercial en el mundo editorial en 2026 y vivir de la escritura.


¿Qué haces cuando una historia “funciona” pero sabes que no es buena?

 

Pregunta peliaguda, ¿eh? La respuesta depende de muchas cosas.


En mi caso, si tengo una historia que me convence, tengo que hacer que funcione y lo haré de la mejor manera que pueda. Que sea buena o no, dependerá del público. Hay historias que tienen un mecanismo muy eficaz, que te enganchan, aunque la prosa no sea brillante o aunque el tema no vaya a cambiarle la vida a nadie.


Ahora, si no funciona, la trabajo hasta la saciedad. El lector puede perdonarte una novela escrita de manera sencilla si la trama es contundente. Lo que no perdona es sentirse estafado.



¿Cuál ha sido el libro que más te ha costado terminar… y por qué no lo abandonaste?

 

Estoy entre “¿Quién mató a Laura Coves?” porque perdí la mitad del manuscrito mientras lo escribía (se quemó el disco duro) y “Bajo Sospecha 2” porque estaba pasando por una mala racha y el libro se me atragantó.


El primero no lo abandoné porque quería contar esa historia y el segundo, para demostrarme que era más fuerte que mi estado de ánimo.

 

¿Hay alguna decisión narrativa que repitas aunque sepas que no es la mejor opción literaria?


No, realmente. Peco de muchas cosas e intento mejorar en cada libro, pero sé que dispongo de una serie de cartas con las que empiezo la partida las dadas y las que vienen conmigo y juego lo mejor que puedo con ellas.


Por otro lado, yo escribo novela de misterio, crimen y suspense. Mi primera obligación es que el lector quiera leer otra página. No es la única obligación, pero sí la primera.


¿Qué parte de tu proceso es pura disciplina y cuál sigue siendo intuición?


A estas alturas, el 50% de cada. La disciplina es la clave, escribir todos los días, no fallar, seguir una agenda, un plan. La intuición es el resultado de años de estudio, ya fuera leyendo más novelas de género o libros de divulgación acerca de la creación de historias, tramas, géneros...


A día de hoy, no planifico tanto las novelas como antes y eso me permite cierta libertad  a la hora de dejarme llevar mirando al horizonte. Sin embargo, sé que tengo una brújula afinada.





¿Dónde está tu línea roja como escritor comercial?


En tratar al lector como tonto. Esa es mi línea roja. Si no soy auténtico, no puedo hacerlo. He intentado escribir novelas en otros géneros que dan mucho más dinero, pero que no leo o no me llaman la atención y no lo he disfrutado.


Supongo que esa es la línea roja natural, levantarte cada mañana para escribir algo que haces de manera honesta y creíble, claro.


¿Has escrito alguna vez un libro pensando más en el algoritmo que en el lector?


Sí y ha sido un fracaso. Una cosa es escribir para un público general con demanda y otra, muy diferente, intentar engañar a la máquina. El algoritmo puede enseñarte a entrar en una casa. El lector decide si te deja quedarte.


Lección más que aprendida: el algoritmo existe porque existen los lectores antes. Ellos son los que deciden siempre.


Si tuvieras que elegir: un libro excelente que no se vende o uno mediocre que funciona… ¿con cuál te quedas hoy?


Si es excelente, ¿por qué no funciona?


¿Qué sacrificas cada vez que decides publicar rápido?


Ahora solo publico cada tres o cuatro meses. Los días de pólvora ya pasaron. También es cierto que publicar rápido te da oficio, te obliga a decidir y los escritores que deciden mucho aprenden mucho. Sinceramente, el proceso es muy similar, a diferencia que antes tenía una verborrea mucho más activa. He sacrificado salud y energía que ahora ya no tengo, pero tengo experiencia.


¿Qué es lo más difícil de vivir de escribir que nadie cuenta?


Si te refieres a vivir de escribir como autor autopublicado o tener tu propia editorial, en efecto, no basta con escribir bien. De hecho, escribir bien es solo una parte del trabajo. Lo más difícil es tener la visión y la entereza de un empresario o de un negocioy no del autor bohemio que todos tenemos en algún momento en la cabeza (¿Borges leyendo y escribiendo desde la cama todo el día? ¡Ja, ja!).


A ver, no es para todo el mundo y lo digo después de diez años en esto. Tienes que aprender a vender, entender plataformas, gestionar anuncios, responder correos, analizar datos, publicar con regularidad, aguantar meses malos, tomar decisiones empresariales (gastarte lo que ganas) y seguir pareciendo creativo mientras haces todo eso.


Lo más difícil es que tu sueño se convierte en tu empresa. Y una empresa no entiende de inspiración. Lo más fácil es que eres tu propio jefe y, si lo consigues, eres libre. En mi caso, cumplo con el perfil creativo y el emprendedor. El primero ya lo tenía, el segundo, despertó.

 

¿Has tenido miedo real a que “se acabe” (ideas, ventas, relevancia)?


Sí. Muchas veces. Cada mes que empieza, se reinicia el contador. Es la vida del autónomo. El miedo a quedarse sin ideas existe, pero se cura trabajando. El miedo a que bajen las ventas es más desagradable y es un escenario que no depende solo de ti, sino de muchísimos factores.


Cambia Amazon, cambia el mercado, cambia el lector, cambian los anuncios, cambia todo. Con la IA, también ha cambiado todo. Y aun así, tienes que seguir cada mañana. Vivir de escribir es aceptar que nada está garantizado y que un día puedes volver a echar currículos, pero lo aceptas y sabes que irás hasta el final. Puedes tener catálogo, lectores y experiencia, y aun así levantarte una mañana pensando: “¿Y si esto empieza a caer?”. Ese miedo no desaparece. Aprendes a trabajar con él sentado al lado.




¿Cómo gestionas la presión de tener que seguir produciendo constantemente?


Lo he llevado bien, a excepción de una mala época en la que no me apetecía seguir, por otras razones. Cuando tienes un catálogo y una audiencia que se sostiene, puedes respirar más. Lo más duro está al principio, pero todo se pasa. Ahora mismo, ya no necesito publicar un libro al mes. Sin embargo, siento la necesidad de continuar escribiendo historias a diario y no quiero desaprovechar eso. Sé que algún día no será así.


¿Te has planteado parar? ¿Qué te lo impide?


No. Nada me lo impide en este momento, pero es que no sé hacer otra cosa. Me paso el día tecleando.


¿En qué momento dejaste de escribir por necesidad y empezaste a escribir por estrategia?


En 2013 entendí que tenía que encontrar lo que me gustaba escribir, lo que la gente quería leer y llegar a un término medio donde ambos mundos convergieran. Creo que se llama Ikigai. Así y todo, siempre he escrito lo que me ha apetecido, respetando a los lectores, claro.


¿Qué has perdido como escritor desde que empezaste a vivir de ello?


El ego, sin duda. Vivir de ello me ha enseñado a aprender, a respetar a la persona que me lee y mejorar cada día para que su inversión merezca la pena. El ego es lo que he perdido, la vanidad y la tontería que tenemos los escritores cuando empezamos. Cuanto antes perdamos el ego, mejor nos irá.


¿Sigues disfrutando escribir… o ahora es otra cosa?


No solo lo disfruto, sino que estoy en otra fase más profunda. Supongo que cada historia me lleva a un estadio diferente. Ahora mismo, con todo lo aprendido, abro nuevos caminos, intento sorprenderme a mí mismo. Me fascina.


¿Qué crees que los escritores que empiezan siguen entendiendo mal en 2026?


No creo que entiendan nada mal. Simplemente, nadie nos debe nada. Si nadie tiene interés por leer tu historia, quizá no sea la historia, quizá ese libro no tenga demanda o interés por los lectores o tal vez no esté presentado de la manera correcta.


El problema de muchos es que solo conocen el proceso creativo y no quieren asesorarse en cómo ponerlo delante del público. No es tan sencillo convencer a alguien para que te lea.





¿Qué tendencia actual en la autopublicación te parece un error colectivo?


Actualmente hay muchos más recursos e información que cuando empecé en 2011 a navegar por los foros y el mundo anglosajón. El error es el de no prestar atención a toda esa formación gratuita que hay en lugares como Youtube o la de pago, que condensa la experiencia de otros que ya lo han hecho.


Si mañana Amazon desapareciera, ¿seguirías viviendo de escribir?


Sí. Tendría que redirigir a los lectores a mi tienda o a otras plataformas y te aseguro que no sería sencillo, pero pasaríamos el bache. Tengo eso en mente desde que empecé.


¿Qué hiciste bien al principio que hoy ya no funcionaría?


Siempre llegué tarde a la fiesta y cometí todos los errores posibles… sin éxito. De hecho, lo único que hice bien al principio y que sigue funcionando es mantener una lista de correo de lectores y contacto con ellos. Ha sido la mejor inversión de tiempo y dinero que he hecho hasta hoy.


Si tuvieras que empezar desde cero hoy, sin audiencia, ¿qué harías en los primeros 90 días?


Lo que he respondido en la pregunta anterior. Establecería los fundamentos para construir una audiencia que me siguiera, una vez que tuviera varios libros publicados.  No intentaría parecer famoso. Intentaría ser útil y reconocible. En los primeros 90 días definiría con mucha claridad qué tipo de lector quiero atraer y qué promesa le hago. Escribiría el primer libro de una serie, no un libro autoconclusivo, y prepararía una portada profesional, una descripción pensada para vender y una lista de correo desde el día uno.


Si hoy tuvieras que elegir entre no volver a vender un libro más o no volver a disfrutar escribiendo, ¿qué perdería antes Pablo Poveda?


Perdería antes las ventas y me dedicaría a otras cosas que dan más dinero. Y lo digo con mucho respeto por la parte comercial, porque vivo de esto y sé lo que significa pagar facturas con libros... pero si no vuelvo a disfrutar escribiendo nunca más, entonces todo esto se convierte en una fábrica bastante triste y acabaría quemado y deprimido. Las ventas importan. Muchísimo. Pero empezamos a escribir por otra cosa. Al menos, yo empecé así. Si pierdo la chispa, lo pierdo todo y, lo más importante, pierdo la confianza con el lector.

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