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Manel Trejo: autor de un thriller de posguerra, donde la verdad se castiga

  • 18 may
  • 7 min de lectura

Hay escritores que construyen historias. Y hay otros que abren grietas.


Manel Trejo escribe desde ese lugar incómodo donde lo inquietante no necesita mostrarse del todo para hacerse presente. Sus relatos exploran lo que queda cuando el miedo no grita, cuando la culpa se instala en silencio y cuando las decisiones —las verdaderas— no siempre tienen una salida limpia. En su obra, lo perturbador no irrumpe: se filtra. Y cuando lo hace, ya es demasiado tarde para mirar hacia otro lado.


En La Dama de los Huesos: Los hijos robados, esa tensión se encarna en una Barcelona de posguerra donde la verdad no solo duele: también se castiga. Sobre esa herida abierta —histórica y emocional— se sostiene esta conversación.


¿Qué te atrae de explorar zonas incómodas dentro de la ficción?


Detesto pasar miedo y evito el sufrimiento siempre que puedo. Quizá por eso coloco a mis personajes en situaciones incómodas o amenazantes: escribirlas me permite transmutarlas de una forma más soportable, casi terapéutica. Y, al mismo tiempo, existe en mí cierta fascinación morbosa al recrearlas.


Pero el miedo que más me interesa no es el que viene de fuera. Creo que el verdadero horror aparece cuando aquello que te acecha vive dentro de ti.


¿Cómo nace una historia en tu caso: desde una idea, una imagen o un conflicto?


En el caso de La Dama de los Huesos, todo surgió a partir de una idea. Escribí un relato en el que creé un personaje siniestro que no daba miedo por sí mismo, sino a través de pequeños indicios que iban apareciendo y sugerían lo que había hecho. Eso me pareció interesante, sobre todo el ambiente oscuro que fui desarrollando alrededor de él.


¿Qué tipo de preguntas te interesa plantear a través de tus personajes?


Me gusta poner a los personajes en situaciones en las que yo mismo no sabría cómo reaccionar. También observar cómo cada uno puede responder de una manera completamente distinta e inesperada. Las preguntas que me interesan son: ¿qué haría este tipo de persona en una situación así?, ¿cuánto sufrimiento puede llegar a soportar alguien?, ¿es posible atravesar la oscuridad sin acabar convirtiéndose en parte de ella?


¿Cómo construyes la tensión dentro de una historia?


Depende del tipo de tensión que quiera provocar. Quizá el misterio sea el recurso que más utilizo. Voy creando una atmósfera a base de expectativas y amenazas sutiles, mostrando personajes que saben cosas que todavía no se han desvelado. Eso genera mucha intriga.



¿Qué importancia tiene para ti lo que no se dice en un relato?


La escritura no deja de ser una forma de arte, igual que una escultura o una pintura. Cada persona la contempla desde su propia mirada, desde sus heridas, sus recuerdos o sus creencias. Por eso no todo debe quedar explicado. También forma parte de la obra aquello que el lector completa en silencio.


¿Cómo trabajas los dilemas morales en tus personajes?


Me coloco en su lugar. Pienso en su forma de ser, en cómo piensan, en lo que harían en esa situación y en aquella época. Intento comprender sus contradicciones y sus límites. Me interesa ver hasta dónde puede llegar alguien cuando tiene que elegir entre dos cosas que, para él, son importantes. Ahí es donde el personaje deja de ser una idea y empieza a parecer humano.


¿Te interesa más el conflicto interno o el externo a la hora de escribir?


Para mí, ambos tipos de conflicto son importantes a la hora de sumergir al lector en la escena. El conflicto externo genera tensión, movimiento y peligro, pero lo que realmente me interesa es cómo vive el personaje aquello que le ocurre fuera en su interior.


Me interesa explorar qué sucede cuando alguien se enfrenta al miedo, a la pérdida, a la impotencia o a la culpa. Creo que ahí es donde los personajes muestran quiénes son realmente. Esto les da consistencia y coherencia.


¿Qué papel juegan la memoria y el pasado en tus historias?


La memoria y el pasado tienen un papel fundamental en mis historias. Me interesa mucho la idea de que el pasado nunca desaparece del todo, sino que permanece oculto de alguna forma y acaba influyendo en el presente.


Muchas veces, los personajes creen que están luchando contra un problema actual, pero en realidad se enfrentan a heridas, secretos o decisiones que vienen de mucho más atrás.


¿Cómo abordas la construcción de personajes en situaciones límite?


Primero construyo al personaje. Estudio bien su tipo de personalidad. Utilizo mucho el Eneagrama para ello. En ocasiones, también tomo como referencia a alguna persona real.


A medida que la historia avanza, voy conociéndolo mejor: sus rutinas, la forma en que se relaciona con los demás personajes, sus contradicciones o sus miedos. Y llega un momento en que reacciona de maneras que incluso a mí me sorprenden.


Es como si cobrara vida mientras lo escribo.


¿Qué buscas transmitir al lector más allá de la trama?


Creo que lo que quiero enseñar a los demás es que las personas somos mucho más complejas de lo que aparentamos. Que detrás de cada herida, de cada acto oscuro o de cada silencio, suele existir una historia que casi nunca se ve a simple vista.


A través de mis historias intento mostrar que el miedo, la culpa, el dolor o incluso la violencia no aparecen de la nada. Muchas veces nacen de traumas, de secretos, de pérdidas, de la necesidad de sobrevivir o de aquello que una sociedad decide callar o te quiere imponer.


También me interesa enseñar que la oscuridad forma parte del ser humano. Sin ninguna intención de justificarla, sino para comprenderla. Creo que cuando uno mira de frente aquello que le asusta, deja de ser tan esclavo de ello. 


Y quizá otra de las cosas que intento transmitir es que el sufrimiento no siempre destruye. A veces también revela. Obliga a una persona a descubrir una fuerza, una verdad o una parte de sí misma que desconocía por completo.


¿Cómo decides el tono o la atmósfera de una historia?


Diría que depende de lo que quiera transmitir, aunque creo que en la escritura siempre acaba colándose algo de lo que uno siente en ese momento. Suelo escuchar música relacionada con la emoción o la atmósfera que busco crear, porque me ayuda a entrar en ese estado y a escribir desde ahí.


¿Qué relación tienes con el género del suspense o el thriller?


El miedo es la emoción que siempre me ha movido. Y eso no significa necesariamente ser un cobarde; a veces, el miedo también despierta valentía. Me interesa recrearlo dentro de un contexto protegido, ya que probablemente nunca querría vivir esas situaciones de forma real. Supongo que escribo sobre aquello que jamás me atrevería a experimentar por voluntad propia.


Creo que el suspense surge precisamente de ahí: colocar al ser humano frente aquello que teme mirar.


¿Qué retos encuentras al ambientar una historia en un contexto histórico?


Muchos más de los que pensé antes de tomar la decisión. Después de estudiar datos históricos de la época para incorporarlos a la trama, a medida que la historia avanza empiezan a surgir dudas de lo más simples. Por ejemplo: ¿había ascensores en aquella época?, ¿la gente tenía teléfono en casa? Te ves en la obligación de contrastar cualquier detalle, por pequeño que sea. Y eso, inevitablemente, ralentiza el ritmo de escritura.


¿Cómo equilibras documentación y narrativa cuando trabajas ese tipo de escenarios?


Soy muy organizado. Me gusta recopilar toda la información que voy a necesitar al principio. La estudio, selecciono lo realmente útil y me quedo solo con aquello que aporta algo a la historia. Aun así, durante la escritura sigo consultando datos constantemente, porque cuando avanzas en una novela histórica surgen detalles imprevistos que también necesitan ser coherentes con la época.


¿Qué lugar ocupa la emoción en tu proceso de escritura?


Todo. Escribo desde las emociones, hasta el punto de intentar sentir lo mismo que sienten mis personajes. Si un personaje está triste, empiezo a imaginar que me ocurre algo horrible, pongo música melancólica y me sumerjo en ese estado para escribir desde ese sentimiento.


¿Cómo sabes cuándo una historia está terminada?


Nunca lo sé. Cada vez que reviso mi trabajo, encuentro algo que podría mejorar. Los escritores aprendemos a escribir mejor cada día. Por eso, cuando releemos algo que escribimos hace meses o años, rara vez nos parece perfecto. Creo que, en realidad, una historia nunca se termina del todo; simplemente llega un momento en el que decides que ya no es solo tuya.


¿De qué manera ha influido tu formación en narrativa en tu forma de escribir?


Antes de terminar mi primer libro hubo al menos otros tres que no conseguí finalizar. Como la escritura no es mi única ocupación, el proceso se me alargó mucho en el tiempo. Cuando retomaba el manuscrito, a veces habían pasado semanas o incluso meses, y apenas recordaba lo que había escrito. Tenía que releer toda la historia para volver a situarme y, muchas veces, después ya no me quedaba tiempo para avanzar.

Una de las cosas más importantes que he aprendido ha sido la organización de la escritura: crear esquemas y resúmenes que me permitan recuperar rápidamente el hilo de la historia y saber dónde estoy en cada momento.


Por otro lado, también he aprendido técnicas narrativas que antes desconocía y que me han ayudado a encontrar mejor las palabras exactas para expresar lo que realmente quería transmitir.


¿Qué has aprendido de estudiar distintos métodos o estilos?


He aprendido a conocerme mejor como escritor, a explorar más allá de mis propios límites y a descubrir que, fuera de ellos, existe un mundo creativo mucho más amplio de lo que imaginaba. Cada historia me ha obligado a salir de mi zona de confort, a probar registros, emociones y formas de narrar que antes no me habría atrevido a utilizar.


También me llevo muchas herramientas útiles, tanto técnicas como personales, que me han ayudado a acercarme poco a poco a una voz propia y auténtica. Creo que escribir no consiste solo en aprender a contar historias, sino también en descubrir desde qué lugar interior quieres contarlas.


¿Para qué tipo de lector sientes que escribes?


Cuando empiezo a escribir, lo primero en lo que pienso es en aquello que a mí mismo me gustaría encontrar al abrir un libro. Me pregunto qué tipo de historia me atraparía, qué personajes me interesarían, qué clase de trama o de premisa lograría emocionarme. Creo que, si no escribiera sobre aquello que realmente me gusta, no podría hacerlo con la misma implicación.


Después, cada lector decidirá si conecta o no con mi forma de escribir. Pero, si tuviera que definir el tipo de lector al que me dirijo, diría que pienso en alguien que no busca únicamente un thriller, sino también una historia más profunda, psicológica y emocional.


¿Qué te interesa seguir explorando en tus próximos proyectos?


De momento, mi próximo proyecto, que ya está en marcha, es la segunda parte de La Dama de los Huesos. Quienes han leído la primera novela ya habrán visto que, aunque los conflictos principales quedan cerrados, la historia permanece abierta. Hay una incógnita que se resolverá en esta segunda entrega.


Más adelante, también me gustaría cambiar por completo de registro y aventurarme en la autoficción, explorar una forma de escritura más íntima y personal que todo lo que he hecho hasta ahora.

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